05 feb

Carnaval y cuaresma

El carnaval y la cuaresma
El origen del carnaval se remonta al mundo clásico grecorromano, a las fiestas de Saturnalia, en honor al dios Saturno, o a las bacanales, en honor al dios Baco. En ellas, el exceso y el desenfreno en los placeres carnales, la gula y la lujuria eran muy comunes.

En cambio, el origen de la cuaresma está en la tradición cristiana. Este periodo de tiempo simboliza los 40 días que vivió Jesús en el desierto. Por ello, la Iglesia católica, a lo largo de esos 40 días en los que dura la cuaresma, les pide a sus fieles que realicen un ejercicio de penitencia, reflexión, ayuno y abstinencia.

Así, en la Edad Media, la rectitud de la religión cristiana se veía interrumpida durante el periodo de carnestolendas (hasta el siglo XVI no empezó a utilizarse el término carnaval, posiblemente derivado del vocablo carnavale, de origen veneciano). Durante esta festividad, la moral cristiana quedaba en un segundo plano para que pudiera disfrutarse de los placeres de la vida o realizarse actos irracionales, como trabucar palabras o colocar utensilios fuera de su lugar. A fin de evitar que alguien los reconociera, los pícaros que disfrutaban de esta festividad se disfrazaban o tapaban sus rostros con máscaras. Este es un ejemplo más de cómo se intentaban convertir ciertas fiestas paganas en fiestas cristianas.

El carnaval en la literatura española: don Carnal y doña Cuaresma
En el Libro de buen amor, que escribió Juan Ruiz, el arcipreste de Hita, alrededor de 1330, aparece un pasaje dedicado al carnaval y a la cuaresma. Se personaliza estos periodos a través de los personajes don Carnal, un hombre mundano y amante de los placeres, y doña Cuaresma, una mujer recta y pura, respectivamente.

Doña Cuaresma retó a don Carnal a una batalla el miércoles de Ceniza. Don Carnal acudió con su ejército de bueyes, jabalíes, puercos, gamos, corzos, gallinas, becerros, cabras y demás carnes, para enfrentarse a doña Cuaresma y su legión de verduras, pescados y mariscos. El primer enfrentamiento acabó en tablas. Don Carnal lo celebró con un opulento banquete. Propenso a los excesos, el banquete le provocó a él y a los suyos una enorme pesadez y sueño. Doña Cuaresma aprovechó la situación, y sin apenas resistencia, tomó a don Carnal como prisionero. Ese mismo día, el miércoles de Ceniza, don Carnal tuvo que confesarse y hacer penitencia. Por su parte, doña Cuaresma anunció su victoria y llamó a los feligreses cristianos para que participasen y reflexionasen durante ese tiempo de penitencia. Durante 40 días, don Carnal parecía estar verdaderamente arrepentido de sus pecados, pero el domingo de Ramos, consiguió burlar a su carcelero, don Ayuno, y reunió de nuevo a su ejército. Doña Cuaresma, que no pudo contrarrestar al nuevo ejército, huyó a Jerusalén el viernes Santo. Al día siguiente, don Carnal, acompañado de don Amor, don Almuerzo y doña Cena, entró triunfante en la ciudad sobre un carro musical.

¡Felices carnavales!

Carnaval

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